Bitácora de CabritoDeLos80
Condorito - Chilenismo a dos tintas-
Me van a permitir el desviarme, por una vez, de la década de los 80 (y sus inmediatas aledañas) para tocar un tema que, más allá de cubrir una generación, ha sido un constante de la vida chilena desde mediados de siglo, y de tratar el personaje de historietas más exitoso que ha visto Chile. Me refiero a Condorito, el cóndor que nació en los años 40 de la imaginación de Pepo, el portentoso creativo, y que ha estado presente en los quioscos del paÃs, de forma ininterrumpida, desde que vio la luz por primera vez en la revista Okey, hace ya casi 60 años.
Y quiero hablar de Condorito porque nació en un entorno tan diferente al actual -tanto en aspecto como en costumbres, tanto en su entorno como culturalmente- que su éxito serÃa imposible de repetir hoy en dÃa. Porque las 'revistas juveniles', repletas de historietas, de cuentos y de pasatiempos infantiles, que aparecÃan en los quioscos del paÃs semanalmente, han desaparecido hace décadas, haciendo que el impacto de las historietas sea marginal en el mejor de los casos. El Condorito primigenio, el que se concibió y creó para la revista Okey, era un reflejo -y resultado- de la sociedad chilena de aquel entonces, y ha evolucionado hasta borrar su chilenismo en aras de un éxito comercial más allá de las fronteras chilenas.
Volando en los 80
Desde el perÃodo entre las dos guerras mundiales hasta más o menos los años 80, la mayor parte de los paÃses del mundo tenÃa una aerolÃnea 'de bandera', es decir, que era de propiedad estatal y que representaba a ese paÃs en el mundo. Los mismos aeropuertos internacionales, ciertamente portales de ingreso a cada paÃs, también servÃan como escaparate de la importancia de cada paÃs, dependiendo de qué aerolÃneas atrajeran y con qué aviones.
La cosa cambió a medida que nuevas leyes abrieron los cielos a otros competidores y los estados privatizaron las aerolÃneas que poseÃan para deshacerse del engorro que significaba su gestión.
En comparación con los años 80, muchas cosas han cambiado. Hay muchas más alternativas para viajar en avión y los costos han descendido, lo cual es bueno para los usuarios comunes y corrientes, pero también es cierto que con la masificación del transporte aéreo se ha perdido en buena parte esa aureola de glamour que el viajar en avión tenÃa hasta mediados los años 80, y que fue la razón de existir del término 'Jet Set'.
En fin. El tema de la aeronáutica me apasiona, y voy a aprovechar este foro tan ochentero para recodar cómo eran la aviación civil en los 80, si te parece bien, querido lector.
El placer de ver Tres Son Multitud cuando tienes 13 años
En 1986, mis padres se compraron un segundo televisor para instalarlo en su dormitorio y asà poder ver la tele desde la cama.
Lo cual significaba el fin de la 'veda' televisiva de después de la cena a la que yo habÃa estado sujeto desde que tenÃa memoria -por otra parte, ya era hora, caramba, ¡que ya tenÃa yo 13 años!-. Pero esa apertura a ver los programas a la hora que los canales estaban 'autorizados para transmitir programas para mayores de dieciocho años', según decÃan los locutores de continuidad con cierto retintÃn, estaba limitada a las noches de los viernes y los sábados, para evitar que la esforzada nana que me despertaba las frÃas mañanas de colegio tuviera que levantarme de la cama con una grúa.
Pero me estoy desviando del tema. El asunto es que me sentÃa muy mayor al terminar de comer con mi familia, darle un besito de buenas noches a mi mamá e irme al living de mi casa a ser el dueño y señor del control remoto, verdadero bastón de mando de la casa, encender la TV, ver el angelito despidiendo a los niños a la cama -niños menores que yo, claro-, y escuchar las palabras mágicas, "...para mayores de 18 años". Con lo que parecÃa estar cumpliendo un rito de iniciación a una adultez aún más imaginada que real. Aún estaba yo a un lustro de ser 'mayor de 18 años', pero al fin y al cabo suponÃa yo que ya tenÃa criterio para ver esas cosas... que, por otro lado, no eran tan morbosas como uno podrÃa entender de tanto aparato: la programación nocturna no eran escenas de cama, ni farándula ni escenas de persecuciones en las autopistas de los EE.UU... a lo más la violencia habitual en las pelÃculas de Hollywood -de diversa calidad-, el doble sentido de las sitcoms enlatadas directamente de la USA y alguna que otra comedia pÃcara. En los ochenta la TV era diferente, más benigna, menos seria. O eso piensan mis recuerdos.
El Atari 800XL - La primera computadora que tuvimos muchos
Hoy damos por sentado que las computadoras forman parte de nuestra vida, y muchos trabajamos, nos comunicamos, nos entretenemos e incluso nos odiamos mutuamente gracias a ellas. Sin embargo, la omnipresencia de las computadoras es mucho más reciente en el tiempo de lo que nuestra adicción a mirar pantallas y aporrear teclados darÃa a entender.
Fue precisamente en nuestros queridos años 80 cuando las computadoras dieron el salto de los laboratorios y centros de cómputo a nuestros livings y piezas particulares. Y uno de los mayores instrumentos de ese cambio cultural fue el Atari 800XL, por lo menos acá en Chile. Esta cajita de diseño ochentero de color beige y teclado negro con letras blancas fue la primera computadora de una buena porción de los que ahora somos cabros de los 80.
Los Tente
La verdad sea dicha, no me puedo quejar de la niñez que tuve. Pertenezco a la generación que nació a la vez que los videojuegos, y me han entretenido muchÃsimo a lo largo de los años, en dÃas de verano, sea en la casa de algún amigo compartiendo joysticks, o bien en los salones de recreativas cambiando mis preciadas moneditas por fichas que me permitirÃan pelear contra extraterrestres con forma de insecto, comer cientos de pixeles mientras escapaba de coloridos fantasmas, manejar como loco en un laberinto surrealista o bien sacarle la mugre a ejércitos de pixelados enemigos.
Pero en mi infancia no todo fueron videojuegos. Tuve, además, la enorme fortuna de entretenerme con los juguetes tradicionales, los que no requieren ni de baterÃas, ni cables, ni instrucciones complejas. Entre todos estos juegos, uno de los favoritos de mi niñez fueron los TENTE, el famoso juego para armar, o más bien, un puzzle en tres dimensiones, un monton de piezas genéricas esperando que tú, cabro/a chico/a, le dediques parte de tu tiempo e ingenio para darle forma.
El Simon (o Sáymon)
Las navidades se nos acercan a pasos agigantados, y los que somos ya mayorcitos deambulamos como zombies por los malls (pronúnciese moles) y otros centros comerciales y nos cargamos de bolsas y paquetes con la misma velocidad con la que nuestras billeteras y cuentas corrientes adelgazan, mientras que la ilusión de los más chicos se agranda a medida que la esperada visita de ese viejito gordo y vestido con los colores de Coca-Cola se acerca.
Los juegos de mesa, de esos que sirven para disfrutar con la familia o los amigos, siempre han estado entre los favoritos. Desde los clásicos como el ajedrez, el ludo o el backgammon hasta los tÃpicos juegos de letras, como el Scrabble o los más modernos como el Pictionary y el Trivial Pursuit, los juegos de mesa aparecen debajo del arbolito de pascua con mucha frecuencia, aunque la electrónica y la informática los ha ido arrimando a un rincón.
Y uno de los juegos que inició la invasión electrónica fue un cajón redondo de plástico con cuatro botones de colores encima. Su nombre: Simon, o Sáymon, tal y como lo conocimos por estas latitudes, y el crimen que cometió fue presagiar el declive de los tableros de cartón, los dados y las fichas de plástico a favor de la electrónica.
Las revistas Disney
La compañÃa Disneyâ„¢ no me simpatiza desde hace muchos años. A medida que uno crece, el 'mágico mundo de coloresâ„¢' que se preconiza se va desvaneciendo, hasta que llega un momento en el que te das cuenta que detrás de los colores pastelesâ„¢ y la alegrÃa sacarinosaâ„¢ y polÃticamente correctaâ„¢ se esconde una enorme corporaciónâ„¢ cuyo objetivo, como el de cualquier otra corporación, es el hacer tanta plataâ„¢ como sea posible.
De todos modos, no es mi propósito el criticar a Disneyâ„¢. Para eso hay ya un equipo de gente altamente cualificado en todas partes del mundo. Lo que pretendo escribiendo este artÃculo es un poco más humilde: el recordar el "TÃo Rico", el "TribilÃn", el "Pato Donald", el "Mickey", el "Disneylandia"... En fin, aquellas revistas que la Editorial Pincel publicaba y que estaban presentes en todos los quioscos de los años 80, y que tantos niños y niñas leÃamos con devoción en nuestros ratos libres.
Detrás de aquellas historietas, que aún hoy en dÃa son entretenidas de leer, se esconde el trabajo de muchÃsimos artistas no sólo de los EE.UU. sino también de paÃses europeos e incluso de Brasil, que ayudaron a crear lo que hoy conocemos como 'universo Disney'.



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