El terremoto del 3 de marzo de 1985
En 1985, las clases regulares para los cabros como yo empezaban el dÃa 4 de Marzo. AsÃ, pues, el dÃa anterior lo dedicamos a preparar los útiles escolares y los uniformes, y una vez hecho eso, cada uno de nosotros decidimos pasar nuestro último dÃa de vacaciones de diferentes formas: algunos jugando como si fuera un dÃa más, otros yendo al cine o viendo la TV, jugando con el Atari, o con una pelota y los amigos en la calle... en fin, procurando sacar provecho del último dia de libertad antes de enclaustrarnos en las clases de nuestros colegios un dÃa más, con el sabor agridulce de la vuelta a las obligaciones escolares y el reencuentro con amigos y compañeros tras un verano más.
Pero, cuando menos lo esperábamos, cuando faltaban 15 minutos para las ocho de la noche y el sol empezaba a ponerse, todos sentimos que la tierra temblaba, con gran intensidad y durante dos largos minutos que nos parecieron una eternidad. Las paredes se ondulaban, era imposible quedar de pie, un rugido espantoso salÃa del suelo, los árboles se sacudÃan con tanta fuerza que caÃan hojas y ramas y el pavimento se combaba ante nuestros ojos como si las carreteras fueran de chicle. Muchos rogamos a Dios que dejara de temblar -yo mismo incluÃdo-, mientras sentÃamos el terror de los que intentan escapar pero no tienen hacia dónde ir.
Fueron dos minutos de auténtico pavor, vividos no sólo por mà sino por todos los que, como yo, habitábamos en la zona central de Chile aquel fatÃdico domingo, 3 de marzo de 1985, a las 19:47.
Aquel dÃa, se desató un terremoto de gran intensidad, que alcanzó la magnitud 7,7 en la escala Ritcher, con epicentro frente a las costas de la quinta región, a la altura de Algarrobo. El sismo se sintió desde Antofagasta hasta Valdivia, y dejó un trágico saldo: 177 muertos, 2.575 heridos, graves daños en carreteras y puertos (sobre todo en San Antonio), provocó deslizamientos de tierras en algunos cerros y montañas y dejó a más de 140.000 viviendas inservibles, casas que ocupaban casi un millón de personas.
Debido a su cercanÃa al epicentro, la zona que sintió el terremoto con más fuerza fue el litoral de la quinta región: hubo grandes destrozos entre Maitencillo y San Antonio. El más dramático ejemplo fue el edificio El Faro de Reñaca, que, si bien no se cayó del todo, quedó en un precario equilibrio sobre su destrozados soportes y fue dinamitado poco después.
Este edificio terminarÃa convirtiéndose en la imagen icónica del terremoto, y de hecho ha sido motivo de muchos estudios tanto nacionales como internacionales, para establecer las causas que determinaron el fallo de su estructura, moderna en la época del terremoto. Pero el edificio no fue la única vÃctima del suceso. Muchas casas se derrumbaron, a veces atrapando a sus moradores entre sus restos. Adornos de mamposterÃa, muros y marquesinas se vinieron abajo. Pueblos y ciudades como Alhué y Melipilla se vieron muy afectadas, sobre todo porque gran parte de las viviendas estaban hechas con el tradicional adobe, que no resiste los temblores con la misma facilidad que tienen los elementos de construcción más modernos.
Los daños en las infraestruturas fueron además devastadores. El servicio de agua, electricidad y teléfono se cortó en grandes zonas -de hecho en mi casa no volvió hasta la mañana siguiente, aún me acuerdo de las imágenes impactantes, tomadas desde un helicóptero, que Televisión Nacional de Chile nos ofreció como amargo desayuno-.
Y todo eso pasó en apenas un par de minutos. Dos minutos o poco más que a los que nos tocó vivirlo se nos han quedado guardados a fuego en nuestra memoria, y cuyo único efecto positivo es que recordamos qué estábamos haciendo en ese momento, el lugar exacto e incluso la postura en la que estábamos: la radiografÃa de las últimas horas de un dÃa de verano ochentero, truncado fatalmente por la destrucción, el caos y el miedo.
Estos son los recuerdos que tengo de aquel dÃa, cuando yo tenÃa 13 años, vivÃa en un sólido bungalow ubicado en la calle NeverÃas, al lado mismo del Estadio Español, cerca del Ómnium de Apoquindo, para que se hagan una idea, y me disponÃa a empezar el séptimo año de educación básica al dÃa siguiente.
Recuerdo que esra una tarde soleada y apacible. Mi hermana mayor habÃa salido recién al cine del Estadio Español a ver una pelÃcula y habÃa intentado convencerme para que yo también fuera. Pero andaba medio deprimido con eso de empezar el colegio al dÃa siguiente, y me puse a ver la televisión en el pequeño living en donde estaba instalada.
Mi mamá charlaba con Pilar, una amiga de nuestra familia que nos visitaba ese dÃa en el precioso jardÃn de la casa, aprovechando que mi hermano menor (que tenÃa apenas 4 ó 5 meses de vida entonces) estaba dormido en la cuna, en la pieza principal. Mi otra hermana, con cinco años por aquel entonces, jugaba con la hija mayor de Pilar en el jardÃn. Mi papá habÃa salido en auto con Juan Ramón, el esposo de Pilar, y sus otros dos hijos. La nana estaba entonces de vacaciones.
Yo estaba viendo una pelÃcula, recostado en el sofá de mimbre que tenÃamos frente a la tele, cuando de repente, me pareció que la imagen de la tele parecÃa vibrar. Era el preludio del terremoto. Pero no tuve ni siquiera tiempo de extrañarme o explicarme qué estaba pasando; en menos de un segundo, oà el tremendo rugido que venÃa del suelo y vi cómo todo se agitaba a mi alrededor, incluÃdo el sillón, que temblaba como si lo estuvieran sacudiendo furiosamente.
Entonces, con la angustia que me dan los terremotos, me paré y corrà hacia el jardÃn, gritando a todo pulmón -¡Temblor! ¡Temblor!- (ya sé que es idiota el gritar ¡temblor! cuando todo el mundo YA lo está sintiendo, pero son las cosas que el pánico te da)... en ese momento las sacudidas eran tan grandes que a duras penas pude recorrer los 10 metros entre el sofá y la puerta que daba al jardÃn, pero, con la determinación que da el miedo a quedar enterrado si la casa se desploma, logré salir y me acerqué como pude a mi madre, que estaba arrodillada al lado de la piscina, mientras el terremoto seguÃa agitando todo el jardÃn y el agua de la piscina saltaba y nos salpicaba. Y seguÃa temblando, y más y más, durante tantos segundos que, recuerdo que en mi desesperación, junté mis manos y rogué al cielo, "¡Que termine ya! ¡que termine ya!"
Afortunadamente, el terremoto pasó, todo dejó de temblar, y me levanté poco a poco, aún sintiéndome un poco mareado por la experiencia. ¿O es que hubo después unas ondulaciones poco intensas pero largas? Bueno, los que quedamos en la casa vimos que estábamos bien, enteros e ilesos, pero no nos atrevÃamos a entrar de nuevo en la casa, y estuvimos asà unos pocos minutos. Al final entramos y vimos que, con excepción de que no habÃa luz, que algún que otro adorno se habÃa caÃdo al suelo y que los armarios estaban abiertos de par en par, todo estaba normal y la casa se veÃa sólida.
Al poco rato vino mi hermana mayor, a la que el terremoto la pilló en el cine subterráneo del Estadio Español... y nos contó que oyó el rugido de la tierra pero pensó que era la pelÃcula, que en esos momentos estaba a punto de empezar. Y que sólo recuerda haber subido, empujada por la estampida que se formó por las escaleras.
Lógicamente, estábamos preocupados por mi papá, el marido de Pilar y sus otros hijos, puesto que por aquel entonces aún no habÃa teléfonos móviles, y no habÃa forma de contactarnos. Afortunadamente, llegaron un rato después, y nos contaron que el terremoto les pilló en Vespucio, casi al llegar a Apoquindo, y que como estaban en un vehÃculo en movimiento, no lo sientieron, pero vieron extrañados cómo la gente salÃa despavorida de los edificios cercanos, algunos incluso en calzoncillos... y que no notaron el terremoto hasta parar en un semáforo. Las sacudidas que daba eran tan violentas que en un momento temieron que volcarÃan. Pero afortunadamente, eso no pasó.
Luego del terremoto, siguió una ristra interminable de réplicas que nos martilleaban los nervios sin cesar, aunque afortunadamente con una fueza decreciente (con alguna que otra excepción terrorÃfica, como la del mediodÃa del 4 de Marzo). Mucha gente decidió pasar aquella noche acampados en frente de sus casas ante el temor de que un nuevo sismo las derrumbara encima de sus cabezas. Todos estábamos pendientes de las noticias que las radios a pilas nos ofrecÃan, que hablaban de zonas devastadas, de un número creciente de muertos y heridos y de llamadas a donar sangre, frazadas y comida para los damnificados. Y algunos, los menos afortunados, no necesitaban de la radio para enterarse de esas noticias.
Y el comienzo oficial de las clases fue aplazado una semana o dos, mientras se revisaba que los colegios no hubieran sufrido daños. Puede sonar mezquino, pero me alegré cuando lo oÃ. Jee.
Poco a poco, la vida volvió a la relativa normalidad de la época. Se reconstruyó el puerto de San Antonio, con unas instalaciones que lo convirtieron en el principal puerto del paÃs, tanto en entrada como en salida de mercancÃa. Las casas y negocios reparables se arreglaron y se volvieron a ocupar, las que estaban muy dañadas se tiraron abajo y se reconstruyeron, y ante la falta de apoyo del gobierno militar que tal vez debÃa haberse encargado de los damnificados en vez de apoyar iniciativas privadas vimos a Don Francisco una vez más en la primera de las campañas "Chile ayuda a Chile", una especie de Teletón de emergencia.
Los años han cambiado mucho la fisonomÃa de las zonas afectadas por el sismo. Hoy en dÃa, los edificios de gran altura, rascacielos forrados de vidrio y grandes centros comerciales con cúpulas transparentes afloran por doquier en Santiago y el litoral central, como un sÃmbolo de optimismo y progreso económico. Queda todavÃa la imagen de la BasÃlica del Salvador, ubicada en la esquina de Huérfanos y Almirante Barroso, todavÃa apuntalada, como un triste recuerdo de la devastación de aquel dÃa.
Lo que no ha cambiado, sin embargo, es la inestabilidad del suelo que pisamos y que llamamos nuestro. De modo que, sin querer pecar de pesimista, me pregunto qué sucederÃa si un terremoto de potencia similar nos azotara hoy en dÃa. Y mucho me temo que encontraré la respuesta a esa pregunta, mucho antes de que mi vida se extinga.
Y ojalá que no tengamos que repetir la horrible experiencia que vivimos la tarde del 3 de Marzo de 1985, que empezó de forma tan apacible y terminó tan dramáticamente.



yo estaba comiendo galletas
yo estaba comiendo galletas de mantequilla que habia hecho mi abuela mientras veia una peli de lo mas entrete por la TV.
cabe dejar en claro que desde unos meses antes queria que hubiera un terremoto ya que siempre que hablaban de eso lo encontraba genial. jajaja
en fin... comia galletas mirando tv a pata pelada. cuando en cierto momento viene mi prima con su guagua de unos meses y me agarra de un brazo gritando terremoto. y me lleva a mi y a mi abuela al marco de la puerta.
la guagua llorando. mi prima gritando y mi abuela cagada de susto.
Y NO PASABA NADA!!! jajajaja
en fin. cuando ya me aburri de esperar en la puerta y me disponia a volver a mis galletas empieza el show.
el rugido era simplemente genial. y como tiritaban los floreros y platos de adorno de las repisas a medida que avanzaban y al llegar al borde saltaban sin verguenza.
cuando se puso mas brigido daba la sensacion de que el edificio o se caia para adelante o lo hacia para atras jajaja. mi abuela. prima y guagua gritaban y lloraban. y yo solo queria salir y ver como se movia el edificio desde afuera (edificio de 4 pisos. estaba en el segundo)
al querer bajar las escaleras mas chillaron y gritaron las mujeres y recurrieron a los improperios.
y yo... ya estando en media escalera tuve que agarrarme fuerte de la baranda para no caerme. ahi si que se sintio fuerte. se movia como si fuera de goma. al poco rato se detuvo.
para ser sincero... fue la experiencia mas fantastica de mi niñez. y me di cuenta de algo importantisimo.
el miedo a los sismos esta en la cabeza de la gente. eso me lo enseño mi prima y abuela con su histeria previa al terremoto. y mi hermana posteriormente ya que anduvo una semana gritando que se iban a caer las paredes. (a ella le toco en un supermercado).
yo por mi parte lo analize. quise sentirlo, vivirlo. capturar cada detalle con una fascinacion casi cientifica. admire aquel fenomeno que reducia a nada el enorme ego de la humanidad.
ok. hay que ser precavido. pueden ser fatales dependiendo de la locacion. pero...
es un despliege de fuerza bruta digno de ser admirado.
y entrar en panico simplemente no aporta en nada.
Que bueno que a ti no te haya
Que bueno que a ti no te haya pasado nada, y que lo encontraras de lo mas entretenido, pero a mi parecer, los 177 muertos tal vez hubiese sido un numero menor si hubiese sido igual de histerico que tu abuela y tu prima, y es digno de admiracion el poder de la tierra, pero no le veo nada de gracioso a la forma en la que cuentas una experiencia que arrazo con la vivienda de millones de personas, y dejo miles de heridos...
Insisto, me parece fantastico que para ti sea una anecdota, pero recuerda tambien, que para millones, fue un suceso que marco de forma muy fuerte sus vidas, y dado las cifras, no veo lo irracional de temerle a este tipo de sucesos... Al parecer el muchacho que vivio el terremoto en el 85, no maduro ni cambio nada, hasta el momento de escribir este mensaje...
Soy Melipillano, he vivivo
Soy Melipillano, he vivivo toda la vida ahi e este es uno de los recuerdos que nunca borrare de mi memoria, pese a que tenia solo 4 años cuando ocurrio.
Aquel dia domingo, como todo niño chico me gustaba que me sacaran a pasear a la plaza y ese dia no era la excepcion, tomamos la micro y nos dirigimos alla, recuerdo que nos bajamos en una concurrida esquina, cruzamos a la plaza cuando se escucho un fuerte ruido, ramas y hojas de los arboles en el suelo y toda la gente llorando.
Yo andaba con una tia, cruzamos y tomamos un auto (No recuerdo bien si era taxi o un vehiculo particular)que nos llevo a mi hogar, ahi estaba mi madre que justo al momento del sismo estaba en la ducha, por suerte mi casa no sufrio daños pero recuerdo el panorama de la principal avenida.. todo en el suelo imagenes que nunca se podran borrar.
Una vez en la casa, dejamos todo y no fuimos a dormir en carpa a la casa de un tio, ahi recuerdo que esa noche hubieron varias replicas, pero la mas fuerte fue a la hora de almuerzo del otro dia.
Otra imagen que tengo es la de un dia X, que se junto mucha gente a ver la llegada de los camiones con ayuda que venian de stgo.
En Melipilla en esos años casi todas las construcciones eran de adobe por que todo se vino abajo en cosa de segundos.
Pd .. excelente articulo estimado.
Saludos.
Terremoto de 1985 en Quintero
Fue un dÃa extraño, estábamos con mi madre y hermana en Quintero, nos pilló en la Iglesia Santa Filomena, recuerdo que no querÃa ir a la iglesia, ni a misa, porque me entusiasmaba más la idea del asado que preparábamos esa noche por el fin de vacaciones, el cual, obviamente nunca se hizo. Antes del terremoto, esa tarde, fuimos a dejar al bus con destino a Santiago, a mi papa, mi abuela materna y una prima. Todo bien, nos acompañaba un buen amigo y su madre, con quien quien querÃamos ir a los videos de esa época (tenia 11 años), pero regañadientes me llevaron a la iglesia. Recuerdo que entramos y empecé a ver las 12 estaciones en las paredes, esperando la misa de las 8 de la tarde, cuando empieza un ruido profundo y a moverse todo, el párroco corrió a la puerta y la abrió y la gente rezaba y lloraba. La imagen que más recuerdo, fue estando en la puerta de la iglesia, ver la calle como se ondulaba, los postes casi tocaban el suelo, y un bus y un auto estacionados al frente, saltaban, mientras la gente caÃa al suelo. El mar sonaba muy grave, y eso me asustó. Tome fuerzas y tranquilice a mi madre y hermana. Una vez que pasaron esos 2 o 3 minutos eternos, salimos a la calle, y veÃa los rÃos de vino y licores salir de los negocios y botillerÃas, tomamos un colectivo que nos llevase a casa, y peleando con la gente agarramos uno. En la casa, todo estaba volcado, pero no paso nada por suerte. Otra cosa que me impresionó a mis 11 años, fue haber visto el mar retirado como 10 m , y como a la media hora del terremoto, llegó a la costanera. Pasamos la noche alrededor de una fogata porque nadie querÃa dormir en las casas por las replicas que hubo, hasta que al dÃa siguiente, mi padre nos fue a buscar para regresar a nuestra casa en Santiago.
Bueno yo ese dÃa viajé con mi
Bueno yo ese dÃa viajé con mi mamá a Santa Julia, a minutos de Quintero, a casa de mis abuelos, y apenas bajamos del bus comenzo el terremoto jejejjee, luego me cuentan que cuando llegamos alla, me subi al auto del abuelo y con todo el movimiento que habia pensaba que estaba manejando, jajajjajaja lo pase increible en ese terremoto.......
wea friki, pero bueno saber otros puntos de vista
saludos
Terremoto 1985 Chile
Fue una experiencia inolvidable tenia 7 u 8 años, me encontraba en la iglesia, estabamos cantando cuando de pronto empieza a moverse todo, es una iglesia bastante grande podia tener entre 1500 y 2000 personas, la pared se partio habian unos focos muy grandes que se balanceaban parecia que iban a caer mi abuela me tomo a mi y a mi hermano y nos puso bajo el marco de una puerta lateral y aqui viene lo impresionante, las personas que estaban en el templo empezaron a arrancar a la calle y las personas de los departamentos del frente o de la calle arrancaban al interior de la iglesia pidiendo perdon a Dios y refugiandose dentro del templo, los que tenian que estar adentro supuestamente el 70% arranco mi abuela lo unico que me dijo que ahi estabamos seguros.
recuerdo
Estaba en brazos de la hermana mayor de mi vecino el Juanitorsss, tenÃa 4 años, es uno de mis primeros recuerdos... que manera de inaugurar mi memoria ah?!
saludos