Pitufos, en el Canal Siete los Domingos
En los años ochenta, era rara la casa con más de un televisor. Sólo existÃan cuatro canales, de modo que mayores y menores tenÃan un código de conducta frente a la TV, con horarios para mayores, para menores y un tiempo de televisión compartida. En mi caso, el hecho de que hubiera una franja para los cabros chicos no garantizaba que pudiera ver lo que querÃa, porque compartÃa ese horario con mi hermana mayor, y mi criterio para elegir canal no siempre salÃa vencedor, con lo que tuve que tragarme la serie completa de Candy-Candy entre otras cosas. Aunque mi hermana y yo sà estábamos de acuerdo en algo: los domingos, después de almorzar, veÃamos a Los Pitufos en el canal Siete.
Y asà empezaba una sobremesa con muchas series animadas, como Josefina, la ballena que flotaba en el aire, 'amiga invisible' de un cabro madrileño, o los infaltables monos de la Warner Bros., o la Princesa Caballero, o Kimba, o José Miel, la abeja gay, o Yam-Yam el Genio (qué feo era, el pobre), o esa versión japonesa del Quijote en la que el hidalgo caballero era creo que un león o algo asÃ... Y los Pitufos siempre eran los primeros.
Hoy los cabros con cable disfrutan de monitos animados todo el dÃa en canales como Cartoon Network, y dificilmente hay pelea por el control remoto, ya que los papás tienen su propia tele en la pieza. Pero en aquel entonces las cosas eran diferentes, y como no conocÃamos otra cosa, aceptábamos esa realidad dócilmente. Eran, al fin y al cabo, los años 80.
Los pitufos son una de las series infantiles más emblemáticas de los ochenta, junto a Los Cariñositos, GI-Joe y He-Man. Originalmente aparecieron en 1958 como personajes secundarios de la serie de historietas Johan et Pirlouit creada por Peyo, seudónimo del autor belga Pierre Culliford, y cautivaron a la audiencia con su simpatÃa y extraña forma de hablar. Por esa razón, no hablaré de los pitufos como personajes, de su aldea de honguitos habitables y de su enemigo Gargamel y su gato Azrael, que para eso hay docenas de sitios en Internet, sino de su historia como producto infantil y su inclusión dentro de la cultura popular de finales del siglo XX.
Cuentan que el origen de la forma de hablar 'pitufa', en la que verbos y adjetivos se transforman en la palabra 'pitufo', proviene de un almuerzo en el que Peyo y André Franquin, otro de los genios francobelgas de la historieta, estuvieron presentes. Peyo le pidió la sal a Franquin, pero tuvo uno de esos agujeros mentales que todos tenemos y le dijo Passez-moi le schtroumpf que traducido al criollo significa pásame la custión. A lo que Franquin respondió Voici le schtroumpf - quand tu auras fini de schtroumpfer, reschtroumpfe-le, algo asà como Acá está la custión. Cuando termines de custionar, custiónala de vuelta. Y asà nació el lenguage 'Schtroumpf', o sea, pitufo. Como se puede leer, de haber nacido en Chile, los pitufos serÃan 'los custionos' o algo asÃ.
Peyo, un artista bastante listo, se dio cuenta de la popularidad de los pitufos, y fue dándoles un rol más importante en sus historietas, hasta que reemplazaron a los protagonistas originales. Además, en un movimiento bastante audaz, se hizo con el copyright de las criaturas y comenzó a licenciar productos a diestra y siniestra. Asà fue cómo en 1980 firmó un contrato con Hanna-Barbera que llevó a la creación de la serie animada, cuyo primer capÃtulo fue emitido el 12 de Septiembre de 1981 en la cadena NBC. A Chile llegarÃa en 1982, y ocuparÃa el horario de sobremesa de los domingos por muchos años, acompañada de un aluvión de productos promocionales: figuritas de plástico -todo un hito de la cultura ochentera-, peluches, un videojuego para el Atari 2600, dulces, mochilas, estuches, globos, alimentos -Soprole sacó el 'pitufoyogur', con sabor a 'pitufresa'-, figurillas de plástico en los envases de Signal, cuentos para colorear...
Dentro de todo ese lote de merchandising, rescatarÃa dos productos fundamentales. La primera es que la revista 'Tevé Festival' imprimió todas las historietas originales de 'Los Pitufos' a partir de 1982, de modo que acá en Chile tuvimos la oportunidad de leer sus aventuras originales. Esa misma revista también ilustrarÃa la serie de 'Érase Una Vez... El Hombre' poco después, y esos antiguos ejemplares puede ser encontrados en puestos de revistas y libros antiguos de persas, o bien en algún sitio de subastas online.
En mi opinión, las historietas de los pitufos son mucho mejores que la serie animada, demasiado almibarada y estupidizada por los guionistas de Hanna-Barbera. Por poner un ejemplo, en las historietas los pitufos se pelean a combo limpio, salen volando de una patada o bien participan en guerras (como vimos en la historieta El Rey Pitufo.) Ese tipo de violencia estilizada y caricaturesca, que les daba una dimensión más humana, se perdió en la serie animada, ya que los productores veÃan a los grupos 'watchdog', que velan por la moralidad absoluta de los productos ofrecidos para niños, sobrevolando sus cabezas como buitres al acecho de cualquier falta para poner el grito en el cielo y acusarlos de inmoralidad, corrupción de menores, crÃmenes contra la humanidad y genocidio.
El segundo producto destacable de la oleada de merchandising pitufera fueron las figuritas, que merecerÃan todo un capÃtulo aparte dado lo increÃblemente rica que es su historia. TenÃan unos cinco centÃmetros de altura, comenzaron a fabricarse en 1958 y mostraban a los duendecillos azules en docenas de posiciones simpáticas. Su popularidad ha sido -y es- tan grande que se han convertido en la referencia a batir en el mundo de las figuritas de PVC, y continúan fabricándose hoy en dia, siendo todavÃa lÃderes a pesar de la como los Snorks y los Sniks.
Aún siendo tan poquita cosa -sólo un poco de plástico azul vertido en un molde y coloreado-, las figuritas de los pitufos han dado incontables horas de juegos y diversión a millones de niños en todo el mundo, una muestra de que, por más que se inventen jueguetes y sistemas de entretenimiento tan sofisticados o más como una nave Apollo, todo lo que un niño necesita para pasarlo bien es un poquito de imaginación, un juguete adecuado y, si es posible, más amigos para compartir.
No podemos olvidarnos de que a mediados de los ochenta, en el momento de más auge de los pitufos, se vendieron además muchos accesorios para esos pitufos, como la arquetÃpica casa-hongo, mueblecitos en miniatura, autitos y todo lo necesario para que tus pitufos no se sientan solos.
Prueba de la enorme popularidad de esas figuras es que sobreviven docenas de figuras, olvidadas entre los cachureos y desvanes de aquellos que fueron niños y jugaron con ellos, pero luego crecieron y los dejaron a un lado. Y más prueba de su popularidad es que existen docenas de sitios web dedicados al coleccionismo de esas figuras. Una guÃa imperdible para aquel que quiera coleccionar pitufos es bluebuddies.com, en donde se detalla todas y cada una de las figuras que salieron, e incluso menciona los precios y la rareza de las figuras. ¡Quién sabe, a lo mejor tienes un pitufo escasÃsimo en tu colección!
Aún a pesar de la inocencia de la serie, los pitufos han sido acusados de comunistas -o nazis, da lo mismo, la cuestión es que sean malos-, homosexuales, xenófobos y pecadores, entre muchas otras cosas, por parte de gente a la que le gusta buscarle las cinco patas al gato.
Comunistas porque viven en una sociedad más o menos igualitaria, sin moneda ni propiedad que no sea común, y con un lÃder que viste de rojo. Homosexuales porque son todos varones menos la Pitufina. Xenófobos porque Gargamel es judÃo y su gato Azrael suena muy parecido a Israel, y porque en cierta ocasión los pitufos malos se volvieron negros o algo asÃ. Satánicos y pecadores porque viven en el pecado, algunos de los pitufos representan los pecados capitales -hay un pitufo glotón, un pitufo vanidoso, un pitufo soberbio, un pitufo airado, un pitufo perezoso... ¿habrá un pitufo lujurioso? Jejejeee.
En fin, ese tipo de acusaciones, en mi entender, son el precio de la fama, y la consecuencia de no entender el entorno en el que los pitufos fueron creados y desarrollados como personajes. Y, por supuesto, la envidia que el fenomenal éxito de los pitufos levantó.
Los Pitufos siguen vivos, aunque hayan sido reemplazados en popularidad por otras franquicias -como los pokémons-, y se mantiene con salud y fuerza aunque el capÃtulo final de la serie animada haya sido emitido hace más veinte años. ¿Están los pitufos abocados al olvido y el recuerdo tan sólo de unos pocos nostálgicos como este servidor de Ustedes?
Sé de buena tinta que se está preparando una pelÃcula con una versión computarizada de los duendecitos azules, y que se estrenará, si las cosas salen bien, en Julio de 2011. Y da la impresión que esta nueva generación pituferil vendrá acompañada de una ola de merchandising, tan virulenta -o más- como la que nos invadió en la primera mitad de la década de los 80, aunque adaptada a las necesidades -inventadas, evidentemente- de los que nacieron en el siglo XXI.
¿Estaremos a meses de presenciar una segunda invasión pitufa? ¿Sucumbirán, fascinados, los niños de hoy al encanto azul de los pitufos? ¿Nos obligarán nuestros hijos a pitufar con ellos en el lenguaje pitufo? ¿Cantarán esa pegajosa canción -laa-laa-lará lalá - lalalalalaaaa? ¿Volverán a hacer una serie animada frente a la cual los cabros se hipnotizarán como nosotros en los 80? ¿Tendré la ocasión de saber cómo se ve un pitufo sin gorro, duda que me ha consumido desde hace décadas? Eso, señores, lo veremos de aquà a un año.



Pitufante tu pitufo (artÃculo, no sean mal pensados)
¡¡¡Qué recuerdos!!! Yo fui uno de los primeros cabros chicos en Chile en saber acerca de los Pitufos. Resulta que mi tÃa Chichi tenÃa unos amigos que habÃan llegado recién de Francia, paÃs vecino de Bélgica, cuyos hijos se habÃan traÃdo una colección de pitufos increÃble. Y tuve la suerte de conocerlos. En su casa tenÃan historietas y una repisa completa con más de 200 figuritas. Te imaginarás que me entusiasmé al tiro con ellos, asà que le pedà a mis padres que me compraran pitufos. Sin embargo a Chile aún no llegaban. Y no llegarÃan sino hasta 1983 (y no 82 como citas en tu artÃculo). Recién ahÃ, con el éxito de la serie de TV comenzaron a llegar los productos asociados. Y como buen coleccionista me obsesioné. Llegué a tener alrededor de 20 figuritas (entre ellas a Papá Pitufo, la Pitufita, Gárgamel y Azrael), una casa callampa, un álbum que sacó Salo y que fue uno de los pocos que completé, peluches, posters, tazones, cuadernos, calcomanÃas, lápices y un largo etcétera. Y, evidentemente, me compré todas las revistas de historietas.
Qué tiempos aquellos. Y que afortunado fui. Lo reconozco. No todos los padres son tan complacientes con sus hijos para acceder a sus hobbies. Pero valió la pena. De hecho, aún mantengo la colección de historietas, que a mi juicio son de gran calidad, representantes de la lÃnea belga de comics que más me gusta. Porque los Pitufos, más que una serie de TV, es una historieta de primer nivel.
También guardo el álbum, y algunas figuritas. Sabes que soy un coleccionista.
En fin. Aprovecho de corregir otro dato importante. La colección TV Festival de editora Pincel se creó en 1981 con la serie Erase una vez el Hombre y más tarde siguió con loss Pitufos. Incluso, más adelante irÃa a publicar Heidi.
Y una última cosa. Si los pitufos hubieran nacido en Chile, no se hubieran llamado "custiones". Recuerda que aquà para pedir algo solemos decir "pásame la weá".
Un abrazo mi estimado amigo y siga escribiendo estos buenos artÃculos.