Condorito - Chilenismo a dos tintas-
Me van a permitir el desviarme, por una vez, de la década de los 80 (y sus inmediatas aledañas) para tocar un tema que, más allá de cubrir una generación, ha sido un constante de la vida chilena desde mediados de siglo, y de tratar el personaje de historietas más exitoso que ha visto Chile. Me refiero a Condorito, el cóndor que nació en los años 40 de la imaginación de Pepo, el portentoso creativo, y que ha estado presente en los quioscos del país, de forma ininterrumpida, desde que vio la luz por primera vez en la revista Okey, hace ya casi 60 años.
Y quiero hablar de Condorito porque nació en un entorno tan diferente al actual -tanto en aspecto como en costumbres, tanto en su entorno como culturalmente- que su éxito sería imposible de repetir hoy en día. Porque las 'revistas juveniles', repletas de historietas, de cuentos y de pasatiempos infantiles, que aparecían en los quioscos del país semanalmente, han desaparecido hace décadas, haciendo que el impacto de las historietas sea marginal en el mejor de los casos. El Condorito primigenio, el que se concibió y creó para la revista Okey, era un reflejo -y resultado- de la sociedad chilena de aquel entonces, y ha evolucionado hasta borrar su chilenismo en aras de un éxito comercial más allá de las fronteras chilenas.
El teléfono de disco
La telefonía ha avanzado tanto que la generación que viene detrás de la mía, la que ya ha cumplido treinta y tantos, nunca ha tenido que discar para llamar por teléfono, y no ha escuchado la estridente campanilla de un teléfono, a menos que sea reproducido en el ring-tone de un celular. Y la verdad, no se oye igual.
El hecho que hayamos arrumbado los teléfonos de disco al fondo del closets de cachureos y desvanes es un avance enorme, sobre todo si tenemos en cuenta el poco tiempo que ha pasado, porque hasta hace no mucho no teníamos ni celulares, ni teléfonos fijos inalámbricos, ni 'con botoncitos' para marcar, ni servicio de reconocimiento de llamadas... ni televisión por cable, ni internet siquiera, y todos los usuarios elegían a la Compañía de Teléfonos de Chile, porque no había otra, al menos en la zona central. Y no quedaba más remedio que instalar el aparato que la compañía suministraba -que era además su propiedad exclusiva, y sólo lo arrendaba a los usuarios finales- sin excepciones.
Para bien o para mal, esos teléfonos con disco han pasado ya a la historia, así como el servicio limitadísimo que teníamos antes de que llegara la liberación del mercado telefónico, y en la mayor parte de los casos, lo mismo ha pasado con los usos y costumbres que hoy relacionamos con esos aparatos.
Revisemos cómo eran los teléfonos en Chile en aquella época, cómo hacíamos para comunicarnos con ese primitivo sistema y recordar vivencias de un tiempo afortunadamente pasado si te parece, amigo lector.
El terremoto del 3 de marzo de 1985
En 1985, las clases regulares para los cabros como yo empezaban el día 4 de Marzo. Así, pues, el día anterior lo dedicamos a preparar los útiles escolares y los uniformes, y una vez hecho eso, cada uno de nosotros decidimos pasar nuestro último día de vacaciones de diferentes formas: algunos jugando como si fuera un día más, otros yendo al cine o viendo la TV, jugando con el Atari, o con una pelota y los amigos en la calle... en fin, procurando sacar provecho del último dia de libertad antes de enclaustrarnos en las clases de nuestros colegios un día más, con el sabor agridulce de la vuelta a las obligaciones escolares y el reencuentro con amigos y compañeros tras un verano más.
Pero, cuando menos lo esperábamos, cuando faltaban 15 minutos para las ocho de la noche y el sol empezaba a ponerse, todos sentimos que la tierra temblaba, con gran intensidad y durante dos largos minutos que nos parecieron una eternidad. Las paredes se ondulaban, era imposible quedar de pie, un rugido espantoso salía del suelo, los árboles se sacudían con tanta fuerza que caían hojas y ramas y el pavimento se combaba ante nuestros ojos como si las carreteras fueran de chicle. Muchos rogamos a Dios que dejara de temblar -yo mismo incluído-, mientras sentíamos el terror de los que intentan escapar pero no tienen hacia dónde ir.
Fueron dos minutos de auténtico pavor, vividos no sólo por mí sino por todos los que, como yo, habitábamos en la zona central de Chile aquel fatídico domingo, 3 de marzo de 1985, a las 19:47.
Útiles e Inútiles escolares - Parte I
Ya estamos casi en Marzo, el mes más temido por las familias de Chile. Atrás van quedando los días de veraneo, las playas, los lagos del sur, los viajes fuera del país y la dulce relajación del descanso canicular, mientras los días se acortan y el verano, poquito a poco, se convierte en otoño, casi sin que nos demos cuenta.
Para los mayores, Marzo significa patentes de auto, listas de útiles escolares, uniformes, matriculaciones en jardines infantiles, colegios, y universidades, la primera cuota de las vacaciones y docenas de gastos imprevistos. Para los cabros chicos, desde los tiernos estudiantes de kinder hasta los lolitos y lolitas en educación media, Marzo es probarse pantalones, chaquetas, camisas, jumpers y cotonas, zapatos y zapatillas, buzos de deporte, y luego visitar centros comerciales, grandes almacenes y librerías en pos de cuadernos, libros de texto, diccionarios, reglas, cartabones, compases y lápices, témpera, estuches, mochilas y tantos otros útiles que les acompañarán durante todo el año escolar.
Nuestos diligentes papás y mamás de los años 80 también tuvieron que pasar por aquel calvario cada año.
Originalmente, tenía pensado hacer un solo artículo con estos productos, pero al final, me he encontrado con tantos útiles escolares, y tantos recuerdos asociados a ellos, que no me queda más remedio que truncar el artículo en distintas partes, para poder concentrarme largo y tendido en cada recuerdo, y no tener que abreviar innecesariamente cuando hay tanto que contar.
Así pues, acá empieza la primera parte de la serie dedicada a nuestros viejos y queridos útiles e inútiles escolares.
El Peugeot 504
Si hay un auto familiar que represente a la clase media chilena entre 1975 y 1985, ese título corresponde, en mi opinión, al Peugeot 504. Con su carrocería distinguida y singular, salida del lápiz del gran Pininfarina, sus grandes focos hexagonales que le daban una personalidad muy definida y su amplitud interior, capaz de llevar a toda la familia de veraneo a donde fuera, se ganó la fama de auto robusto, económico dentro de su categoría y fácil de mantener. O sea, un auto como ya no los hacen.
Y esas mismas características hicieron que la fabricación del Peugeot 504 se extendiera durante nada menos que 38 años, con una amplia gama de carrocerías: el sedán de toda la vida, el elegante Coupé, un cabriolet, la gigantesca station-wagon (de la que se fabricó una singular versión 4WD 'patona') y la pick-up trabajadora, robusta y sencilla, perfecta para el campo. Acá en Chile, así como en muchos otros países de Latinoamérica, Europa, Oceanía y África, el 504 se convirtió en un favorito de la familia, compartiendo con muchos chilenos horas y horas de embotellamientos de tráfico, salidas de fin de semana y jornadas a pleno sol en los veranos, con nosotros, cabros de los ochenta, admirando el paisaje desde las ventanillas de atrás, o bien jugando con nuestros hermanos y hermanas en la relativa seguridad del asiento trasero, en aquellos tiempos en los que el cinturón de seguridad sólo se usaba en carretera y en los asientos delanteros.
Mascotas de los JJ.OO. y mundiales de los 80
Las mascotas son un accesorio importante de los grandes eventos deportivo-mediáticos: los juegos olímpicos y los mundiales de fútbol. Son o bien animales (Misha el osito de Moscú '80) u objetos típicos de la región (el Naranjito de España '82, y el Pique de México '86), o personas que representan los estereotipos...eeeh, la cultura de la zona (como el Gauchito de Argentina '78) o bien son... eh... cosas que uno no sabe muy bién qué representan (como el Whatzizit o como quiera que se llame de Atlanta '96). Y su propósito es el vender tanto 'merchandising' del producto como sea posible. Latas de refrescos, vasos, camisetas, lapiceros, peluches, adhesivos, figurita, llaveros, series de dibujos animados, etcétera etcétera.
Hubo un tiempo en el que las mascotas eran simpáticas, 'amigables' (desde el punto de vista del márketing) y con un simbolismo sencillo y lineal. Pero a medida que el tiempo pasó, las creaciones artísticas puras y duras pasaron el relevo a mascotas 'fríamente calculadas' por comités de márketing que no siempre tuvieron la acogida que se esperó, y es por eso que están bastante marginadas de los eventos actuales y no tienen tanta presencia ni relevancia como antaño. ¿O es que te acuerdas acaso de las mascotas de Sydney 2000?
Por poner un ejemplo, Alemania 2006 también tuvo una mascota, aunque casi nadie se acuerde de ella... por lo menos yo no me acuerdo de haberlo visto en ninguna parte, ni en productos promocionales, ni en avisos, ni en las introducciones de los partidos, ni nada de nada. Desde el punto de vista comercial, Goleo VI (que tal era el nombre de esa mezcla de león, oso y Alf que parece sacado de Barrio Sésamo) fue un fracaso rotundo.
Y las cinco (¡cinco!) mascotas del evento que disfrutaremos este año, Pekín 2008, tampoco han proliferado mucho en los medios de comunicación actuales, o al menos, si lo han hecho, no han cuajado en mi memoria.
Sin embargo, tengo recuerdos mucho más agradables de juegos olímpicos y mundiales pasados, en los que esas mascotas estaban presentes día y noche, en la pantalla de TV y en la propaganda tradicional, en álbumes de figuritas, series de monitos y otras cosas dedicadas a los que fuimos cabros en los años 80. Recordemos esas mascotas.
El Odyssey2 - La competencia del Atari 2600
En las navidades de 1982, el viejo pascuero me dejó un paquetote debajo del abeto que estaba al lado de la puerta de mi casa.
Es difícil expresar la felicidad que uno experimenta cuando se tienen 8 ó 9 años, llegan las navidades, y te encuentras con una caja enooorme debajo del árbol, y que en la etiqueta que la acompañe, tenga escrito tu nombre (con una letra muy parecida a la de tu madre, pero cuando se tiene esa edad, esas cosas se obvian).
¿Sería el Scalextric que le habías pedido al viejo pascuero? O tal vez una caja combo con más Playmobiles y alguno de los accesorios que a uno tanto le gustaba, como una casa o estación de servicio o una de esas cosas megachoras que fabricaban? ¿Sería tal vez el ansiado auto a control remoto, como el Subaru Brat de Tamiya que tenía ese vecino que te cargaba, pero que era amigo tuyo por el auto? (y el jodido nunca me dejaba manejarlo, repugnante enano de...) ¿O a lo mejor un tren eléctrico? ¿O tal vez algo que uno no se imaginaba y que sería impresionantemente impresionante? ¿Qué, qué qué podía ser?
La duda sólo duraba hasta que te abalanzabas sobre el paquete con los dedos como garfios y los ojos como platos y rompías, trizabas, arrancabas esa envoltura de regalo que se interponía entre tí y el misterioso contenido del paquete.
Raaaas, se veía una esquina de la caja, que tenía un texto en inglés y se veían dos jugadores de básquetbol, o voleybol o algo así. ¿Un set de deportes? Medio raro, porque también puedes hacer otras actividades... ¡Ahora ya no tienes dudas de que se trata de algo electrónico!
Raaas, ahí se ve la mitad de la caja "ODDY-" y el dibujo de algo que tenía un teclado, pero aún no cachas bien qué es, ¿Máquina de escribir? ¿Qué son esos dibujos de jugadores de fútbol americano y demás? En estos momentos la ansiedad te palpita en el pecho como si se tratara de algo vivo que amenaza con comerte el corazón...



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